Deseo, Anhelo y Felicidad

Notas sobre el 2024 y la Justicia tomada desde el Sí mismo.

Empezamos el año 2024 y el designio general* viene con la impronta de dar a cada quien lo que le corresponde. Me parece un momento propicio para replantearnos desde qué lugar motorizamos las acciones, cómo proyectamos nuestros deseos y nos orientamos a lo que queremos materializar. O sea, preguntarnos por el Poder que tenemos sobre nuestra realidad.

Hoy quiero traer un tema del cual se ha escrito mucho. La búsqueda de la felicidad puede ser uno de los mayores conflictos que atraviesa la humanidad desde siempre.

¿Esa es la verdadera finalidad de nuestras acciones?

¿Todo lo que hacemos sería un medio para llegar a ser felices?

Pienso que el problema radica en buscarla como si fuera un lugar al que llegar y no un estado interno.

*Hablo de “designio general” porque es para todos igual el 2024 / 8, pero vos tenés que conocer tu Año Personal también, para saber específicamente qué te toca como designio a vos. Podés tomar conmigo una sesión de numerología (de carta natal o de año personal). También podés calcularlo vos y ver acá un poco de info al respecto.

La Justicia

En cuanto al Poder que tomamos en nosotros mismos, tiene mucha información la simbología de la Justicia que trae este año (2024 = 8). El arcano 8 del Tarot -en este caso, el de Marsella- nos muestra los elementos fundamentales que debemos considerar: la espada y la balanza. Los dos aspectos ante los cuales la actitud firme, impasible y erguida del sí mismo es la que toma las riendas y nos da claves para ser dueños de nosotros mismos.

Para describir el designio de este año 2024, en numerología hablamos de la Gran Cosecha, porque el 8 es el arquetipo que toma el poder y se adueña de sí mismo en lo emocional, espiritual, cosechando sus frutos en lo material.

La Justicia puede ser una fuerza exterior que pone las cosas en su lugar o un poder tomado en nosotros mismos como resultado del equilibrio y la integración de la dualidad.

Las respectivas líneas horizontales y verticales de la balanza y la espada juntas, forman la cruz del progreso espiritual contra la limitación humana, así como también del idealismo contra el sentido práctico, la cruz en la que nos encontramos clavados. La Justicia hace de mediadora entre estas dos realidades. No mira a la balanza ni a la espada; en lugar de eso, está erguida mirando al frente, casi como si estuviera en trance. Simplemente, su función requiere visión interior más que visión intelectual.

Sallie Nichols

Cuando observo la actitud erguida e impasible de este arcano, viene a mi mente la cuestión de los deseos, dimensión que se activa mucho en estas fechas y que nos inculcan en los cumpleaños y festejos. Pienso en el dilema entre desear algo externo y aprender a Ser uno mismo, con los frutos que la expansión del Ser trae consigo. 

Desear lo que no tengo o, sencillamente, Ser, con Sinceridad y Autenticidad, reconociendo mi naturaleza, obteniendo mis propios frutos en el camino.

El mecanismo del deseo

Este dilema separa dos paradigmas. 

En el primer caso, cuando deseamos, vamos en busca de lo que no tenemos, creyendo que alcanzarlo podrá satisfacernos. Partimos de la carencia y del hecho de que otros han conseguido lo que nos falta. Entonces, el deseo es movido por un mecanismo de carencia y de comparación. 

El deseo surge de la separación.

El nacimiento, la mayor y primordial separación, nos ha provocado, a la vez, la primera angustia y el primer anhelo (inspiración) de vida…

Por lo tanto, lo que en fondo buscamos es completarnos o llenar ese vacío que nos ha dejado la herida de haber nacido, la herida de habernos separado del útero proveedor o del paraíso… Entonces, ningún deseo nos conducirá hacia algo que nos sacie realmente.

El Anhelo

Sólo el Anhelo que surge del Ser genuino (orientado al espíritu) podrá colmarnos. En este caso, no hay comparación con otros ni separación como causa. El Ser que pulsa por expandirse y desarrollar los potenciales que ya tiene es el que da lugar al Anhelo.

Para que surja el Anhelo o Aspiración, es necesaria la visión interior de la que habla Nichols en el fragmento citado. Para reconocer el Anhelo tiene que haber previamente una conexión con el alma, orientada al Espíritu.

Si el deseo es lo que nos “pone en movimiento” para lograr algo, hay que ver qué mueve al deseo. Cuando no está el Ser como causa de ese movimiento, no manejamos las variables de lo que cosechamos. Habrá algo externo (léase el inconsciente, subconsciente, mandatos familiares o sociales) más fuerte que nuestra voluntad, que ejerza el Poder e imparta Justicia.

¿Cuáles son tus deseos?

¿Qué buscás y para quién estás proyectando, para tu Yo real (orientado al espíritu) o tu yo falso (manejado por la personalidad / ego)?

Hay un tema delicado en el desear que requiere observar cuál es la parte nuestra que desea y hacia dónde se orienta. Estamos en un mundo que hace de lo material un culto: el mayor mal es el olvido, el espíritu se ha fugado de lo colectivo y sólo queda en el espacio interior de quienes van a su encuentro.

Hemos venido, no a tener, sino a recordar lo que ya somos.

¿Buscando la felicidad?

La felicidad lleva siglos debatiéndose en la filosofía. Quizás sea uno de los temas más controversiales en relación al deseo humano.

Para los estoicos, la felicidad se basa en prescindir de los bienes materiales y tender al dominio de las pasiones por medio de la razón y la templanza.

Las grandes bendiciones de la humanidad están dentro de nosotros y a nuestro alcance. El sabio se contenta con su suerte, sea cual sea, sin desear lo que no tiene. 

Séneca

Muchos pensadores de todas las épocas han coincidido en que es más feliz el hombre que tiene tiempo para sí mismo (que es libre) frente al que posee objetos, cargas, trabajos y tareas impuestas por otros. Por ejemplo, Nietzsche distinguía entre hombres libres y esclavos, siendo estos últimos quienes no tienen “dos tercios de su día para sí mismos”.

Lao Tse propuso tres estados de ánimo habituales que nos permiten pensar en la felicidad (ligada a la paz interior).

Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente.

Lao Tse

Es difícil que el ser humano atado a los designios de la personalidad pueda discernir con claridad entre sus pensamientos y emociones para determinar si habita en el presente o si naufraga en un laberinto de deseos que lo proyectan al futuro y le traen ansiedad y angustia.

En la misma línea, Henry Thoreau decía que:

La felicidad es como una mariposa; cuanto más la persigas, más te eludirá, pero si prestas atención a otras cosas, vendrá y se sentará suavemente en tu hombro.

Entonces, la felicidad se relaciona más con la pasión y el compromiso genuino con el que desarrollamos nuestras obras, con el lugar de integridad logrado en nosotros mismos al accionar, que con la búsqueda de aquello proyectado en el futuro (esas torres de ilusión de las cuales tironea el mecanismo del desear). Mucho menos vinculada está la felicidad con aquello que nos imponen otros (mayormente de manera inconsciente)…

Para mí, el problema (tan difícil de percibir cuando estamos atrapados en la personalidad) radica en “buscar” la felicidad como si fuera algo que está ahí afuera y que podemos obtener con objetos, bienes, relaciones, estilos de vida que vemos en otros y que aún no “alcanzamos”.

Es este esquema el que provoca la angustia de quien nunca se siente colmado y está atrapado en el laberinto del deseo, girando en torno al vacío interior.

El vacío interior

El interior está vacío cuando ha olvidado la dimensión trascendente. Es la cuestión de estos tiempos en los que el Sujeto está en caída, se ha alejado de su esfera divina inherente y se somete a funcionar en un engranaje dentro del reino inorgánico, la inteligencia artificial y los mecanismos productivos del sistema materialista. La humanidad en lo general se ha degradado y se reduce cada día más a la esfera física, material, está dominada en la dimensión mental y emocional por la maquinación colectiva y los designios del mundo.

No es posible estar en contacto con el espíritu si permanecemos en el deseo, como propone el colectivo, buscando lo externo, lo material o lo que no tenemos. En ese caso, sólo podemos desear lo que nos falta y quedamos atrapados en la lógica de la separación, buscando conseguir aquello de lo que carecemos para recuperar una supuesta plenitud perdida.

El hombre verdadero se encuentra por encima de los dioses, porque éstos no conocen las adversidades y la desgracia; en cambio los hombres se encuentran expuestos a las mismas, teniendo el poder de vencerlas.

Séneca

Es precisamente nuestra dualidad y los conflictos propios del ser humano, la condición de posibilidad del hombre verdadero. Atravesando las dificultades y superando los obstáculos creamos en el interior un poder de mando sobre la Propia Vida. Ese interior poderoso nos hace fuertes y más libres que los dioses. Los dioses están atados a un argumento arquetípico, tienen un destino escrito. 

Nosotros, como Individuos, podemos alcanzar la libertad a partir de nuestra condición trascendente, a partir de la fuerza creada en nuestro interior
(que proviene del plano increado, del Espíritu).

El pendular: entre el deseo y la aversión

El Sujeto, por definición, está atado: sujetado al deseo, deseando lo que no tiene.

Los vaivenes de la vida, del mundo, lo llevarán a pendular entre el deseo y la aversión…

Esa es, básicamente, la dualidad que lo mantiene amarrado a las cuestiones del mundo materialista y lo alejan de su dimensión trascendente. Atravesando y superando el mundo de las formas es que se domina a sí mismo como humano y tiende a lo divino.

Las formas, lo material, va ganando terreno en la vida del sujeto y, si la conquista, el sujeto deja de tener el poder sobre su propia vida y pasa a estar manejado por las circunstancias del mundo.

Por eso es tan importante determinar cuál es la parte nuestra que desea y desde qué lugar lo hace, hacia dónde se orienta.

¿De dónde viene el movimiento pendular entre el deseo y la aversión?

El tironeo proviene de los mecanismos colectivos, las proyecciones inconscientes y las creencias limitantes que aún no hemos desterrado de nuestro psiquismo. 

Mientras nos mantengamos en el movimiento de la dualidad, entre lo que deseamos y lo que rechazamos, estaremos reforzando el poder que ejerce sobre nuestra vida la sombra y lo subconsciente.

El vacío y la herida

Todos los vacíos que afloran en el interior están basados en heridas (desde el trauma de nacimiento en adelante) que deben ser vistas y reconocidas para que el adulto que hoy somos pueda vivir libre de esos condicionamientos. ¿Cuántos vacíos te han llevado a lugares donde terminaste perdiéndote más aún?

Un tema frecuente en mis sesiones tiene que ver con los límites que debemos establecer en los vínculos familiares. La familia es el primer obstáculo a atravesar cuando se trata de mandatos y de cumplir lo que otros esperan…

El gran muro que te impide crear tu realidad está compuesto de cargas, tareas, mandatos que te desvían de tu propósito, de lo que vos como Individuo viniste a plasmar.

En las sesiones individuales, muchas veces el problema está vinculado con el tironeo entre el Yo real y el yo falso (que responde a las demandas de la familia, la sociedad y la época). El ego o personalidad se acomoda a la perfección en el engranaje y funciona dentro del sistema familiar con una identidad que durante muchos años creemos que nos pertenece pero, en realidad, es falsa.

¿Qué cualidad nos puede mantener firmes (como está el arcano la Justicia) con la mirada erguida en equilibrio entre la dualidad?

Un tesoro llamado coraje 

El coraje es una cualidad de quien vive en conexión con su espíritu. Es una virtud a conquistar, no viene dada. La sociedad forma sujetos que quedan atrapados en el mecanismo del desear y rechaza a los individuos valientes.

Por eso, desarrollar la Valentía para enfrentar la Vida Propia es un elemento heroico en esta época. Implica ir en contra de muchas creencias y mandatos, ir en contra de lo impuesto. Necesitamos coraje para hacerle frente a los embates de lo cotidiano que nos tironea hacia los objetivos que la familia, la sociedad y la época proyectan sobre nosotros.

No podemos traer la cumbre de la montaña al valle. Si queremos llegar a la cumbre de la montaña, tenemos que atravesar el valle, trepar por las cuestas sin temor a los peligrosos precipicios.

Jiddu Krishnamurti

Sólo los individuos valientes logran transformar los defectos de la personalidad y el alma y se orientan al Espíritu.

Con coraje nos atrevemos a subir a cima, a lograr que los elementos terrenos y mundanos (lo material, lo mental y lo emocional) asciendan hasta encontrarse con lo más elevado del ser humano, su dimensión trascendente.

Trampas y desafíos de la existencia

Veo a la existencia como un gran acertijo. A veces me observo dentro de un laberinto, mi forma humana camina por pasillos que se van repitiendo, mimetizados, parecidos, me espejan caras distintas de algo que ya vi, me muestran escenas nuevas que están construidas con materiales que experimenté, que por alguna razón oculta siguen ahí. Otras veces me observo como algo etéreo que no habla, ni tiene bordes. Veo que hay algo muy grande, que pocas veces encuentra definición. Soy un aspecto de una totalidad que se transforma a sí misma a través mío. Nací para transformar algo de ese todo. Voy a morir para trascenderlo, luego de morir quizás sea otra vez vehículo. En esta existencia soy un pedazo de esa totalidad que está sanando, como la pieza de un rompecabezas. Voy encontrando partes que necesito para aprender. Todo lo que hago me encuentra con esas partes, para transformar el aspecto que soy.

Nacemos como hilos enredados a otros

Creo que nacemos para transitar una distorsión, en este plano de dualidades, donde hay luz, armonía, equilibrio y también sombra, desacuerdo, opacidad. Reconozco que mi forma humana es como un vehículo de esa distorsión, proyectándose y desplegándose, con sus lugares oscuros y sus potencialidades. Pero también distingo en mí una fuerza que ve el laberinto de la distorsión desde el vuelo del águila. Lo que hay alrededor es un espejo o una llave para diferenciar las partes. Para saber qué del camino es un engaño, qué es verdadero, qué es lo que vibra, qué está muerto. Mi corazón delimita un mapa, me va hablando a medida que doy pasos. Como pistas de una búsqueda hacia un lugar que desconozco.

Tenemos pistas diferentes, nos encontramos en el camino porque vos tenés algo que yo no veo y yo tengo algo para darte. La base de la cooperación mutua es que cada quien tiene su camino, un camino único con llaves exclusivas para descubrir su profundidad, su propio aspecto. Cada quien vive una circunstancia. Algo de lo que vivimos nos hace trizas.
Esa circunstancia está dentro de lo que llamamos realidad. Y se hace inmensa.

La trampa

La trampa es encadenarnos al engaño de la circunstancia. El engaño lleno de historias de nuestra vida, de las situaciones que la conforman y de nuestro propio registro en un cuerpo y una persona. “Soy de tal manera”, “me afecta de tal forma”, “tengo tal problema”, “me identifico con esto”. Nos atrapamos en la circunstancia, nos hace trizas.

Yo veo cielos negros, rayos huracanados. Algo que me habla, me grita, mientras sueño y cuando estoy despierta. Mi garganta le da cuerpo a mi voz para alzarla y gritar. El grito se convierte en circunstancia. Les pregunto a las estrellas detrás del cielo negro y no me saben decir.

La circunstancia es una manifestación: algo que aparentemente está “fuera” nuestro pero manifiesta la consciencia que tenemos de quiénes somos.

Mi garganta late al ritmo de una vida al borde de la locura. Veo en este aparente afuera que hay quienes levantan sus voces y quienes levantan otras. Cada quien en su opinión, construyendo barreras que ponen por delante a la razón, dejando detrás al corazón. Sé que la manifestación no está afuera realmente. Me habla de mí. Esto que me duele al “verlo afuera” me pide que lo observe desde la altura, para hacer esta pregunta: ¿para qué me sirve esto, en qué me ayuda a conocerme más?

Mi consciencia

Un susurro viene de algún lugar muy dentro mío. Es casi un silencio que toma voz lenta y calma. Un susurro que trae claridad y me despeja. La atraigo un poco más con mi respiración pausada. La escucho un poco más cuando puedo sólo sentir la vibración de mi corazón. El centro que marca el verdadero ritmo, del cual se expanden los hilos que nos unen.

El “afuera” va cambiando, como un cuadro que se desdibuja y va derramando sus colores. Cada quien “afuera” es una llave más para mí, una salida a esta nueva ser humana que vuelve al origen. Una fuente que trae amor, incluida rabia, como aspectos de lo mismo. En la profundidad de la fuente nuestros hilos se entrelazan. Nos estamos abrazando.

Algoritmo

La realidad ante los ojos es consecuencia del algoritmo al que juega el inconsciente, donde se mezclan emociones, expresiones, hechos no expresados. Lo que vemos es un juego, fruto de la proyección del inconsciente colectivo. Las circunstancias nos anclan, nos encadenan en la sucesión de registros personales, una garganta profunda que nos va comiendo la carne y el alma.

A medida que tomamos consciencia de quiénes somos, la realidad manifiesta quiénes somos, va cambiando a cada instante de silencio. Somos un vehículo, un aspecto, una parte de una totalidad. Hay algo muy profundo, requiere escucharse en calma. Una voz silenciosa que viene en ritmos, que trae llaves en cadencias. Para abrir puertas en la profundidad. Allí nos encontramos con sombras y renacemos varias veces para sanarnos, purificarnos, liberarnos. La pregunta que subyace siempre, ante cada latido, es ¿quién soy?