Polaridades, esencia y estructuras de la creación

Año gregoriano 2022. Una combinación de números que resuena en el calendario me envuelven en esta civilización. La polaridad y la simbiosis del 2 me llevan a sentir, a reconocerme con mis emociones, a encontrarme con otras emociones fuera de mí, mezclarme y fusionarme con otrx. La armonía y el corazón grupal del 6 me llevan a multiplicar mi sensibilidad en los cuerpos unidos a mí. El agua recorre la experiencia de mi cuerpo emocional y deja llover gotitas sobre el gran corazón que nos acuna. ¿Qué pasa ahora que tambalean las estructuras caducas de un modo ser colectivo?

Las estructuras viejas se resquebrajan y nos empezamos a mirar con ojos nuevos. Unos ojos que renacen creando. Creándose a sí mismxs en relación a este gran cuerpo colectivo. Siento que estamos en la osada aventura de volver a ejercer nuestra energía femenina, reprimida y olvidada, para contribuir a la comunidad, sanar y sanarnos, ordenarnos en el balance entre lo masculino y lo femenino. Recorrer el hilo que une los ojos al corazón interno de cada unx.


Los viajes hacia la oscuridad de mi corazón derraman la sangre de la energía femenina que durante siglos fue opacada, en una civilización que premia el poseer sobre el sentir (“tanto tengo, tanto valgo”), que busca respuestas en lo externo en lugar de redescubrirnos en lo interno, que nos manipula para conseguir éxito, dinero, cáscaras que se quiebran en su propia superficialidad. Antes de este paradigma lxs humanxs éramos una comunión con la tierra, no nos apropiábamos de ella ni utilizábamos la manipulación y el control para apegarnos a lo material.

El acorazamiento que oscurece nuestra capacidad de crear y sentir en la estructura actual, se construyó durante siglos desde el paradigma masculino. La línea de la energía masculina tiene un recorrido diferente de las ondulaciones de la femenina. Nos empujamos unxs a otrxs en una línea de “productividad” y “progreso”. Lo que hacemos es ignorar las curvas, mutear nuestros cuerpos, separarnos de sus ciclos y silenciar su lenguaje, cortar el hilo que nos une desde el corazón.

La Era de Hierro que habitamos domina con la potencia destructiva de la guerra. Se enfrentan en una contienda dos facetas que se miran como distintas y se repelen. Dos polos que vienen luchando hace siglos. ¿En qué resulta esta guerra? Una de las facetas se impone sobre la otra; entonces la oprimida busca soltarse las cadenas y se alza en armas; luego la tirana se defiende con maquinaria más pesada. Y en ese círculo repetitivo, proyectamos peleas, muertes y destrucciones sin fin, adentro y afuera nuestro. Nos repetimos en formas esclavas y dominantes, que se alternan y producen sometimiento y manipulación.

El desafío actual: ordenarnos en el balance entre lo masculino y lo femenino. Todxs tenemos ambas energías. Las mujeres tenemos úteros físicos, con los cuales estamos en proceso de reconciliación, reconexión. Los hombres tienen úteros energéticos donde reside su energía creadora. La herida de los hombres se basa en que tienen que bloquearla para ser reconocidos. La herida de las mujeres es adaptarse a ritmos ajenos y silenciar los propios. Siento que el poder de recrearnos ahora, rearmarnos con la creatividad, implica que tanto mujeres como hombres conectemos con nuestros úteros. Darnos cuenta que tienen la sabiduría incorporada de creación, de equilibrio vida-muerte-vida, los ciclos del morir y el renacer. Conectar con esa energía que nos dio vida es trabajar la energía de creación. Sentirnos parte de un todo, que es el universo, del cual somos canales.

¿Qué pasaría si nuestro poder de crear, recrearnos y transformar fuera imparable?

Si empezamos a sentir y ejercer esa conexión con la energía de la tierra, de todos los seres materiales y sutiles que componen el universo y están dentro nuestro.

Si cada unx pudiera conectar con su propio ser despierto, en dominio de su fuerza, en constante mejoramiento. ¿Qué magnitud de cambio provocaríamos?

Si trabajamos nuestras vibraciones creadoras reunificando nuestros polos, vamos a florecer y renacer con un yo colectivo libre.

§

Encontrar el límite a la libertad en la puerta cerrada del inconsciente, el mundo oscuro al que quiero acceder y me angustio en esa puerta como marioneta de fuerzas desconocidas, incomprensibles y mucho más fuertes que mi voluntad consciente. El intento por explicar experiencias que sobrevienen y no poder manejarlas. Sensaciones físicas que no tienen lógica, imágenes que no tienen sentido y no puedo transmitir. Marcas que no tienen palabras para expresarse. Y las mismas preguntas siempre: ¿de dónde vienen esas experiencias, cómo abarcarlas?

¿Sentís que hay dentro tuyo algo tan difícil de atrapar que no llegás a entenderlo, fuerzas opuestas que se debaten en una guerra?

Mucho tiempo creí que era imposible responder estas inquietudes; me recreé en la angustia irracional, siendo y haciendo cosas de las que podía gestionar una ínfima parte.

Hoy puedo hacerme carne en el viaje a lo inconsciente que viene de adentro, cuyo origen está en la relación, el vínculo primigenio entre mamá y papá, en el hilo que me conecta con el linaje, mis antepasadxs, mi árbol. Espectros que vienen de aquellxs que quedaron en el camino de mi genealogía. Miro de nuevo hacia la puerta, puedo reconocer rostros precisos y les pongo nombre a las experiencias.

Me siento más liviana cuando habito el viaje hacia adentro. No hay una sola forma, el trabajo interno es fruto de la voluntad. Nadie puede obligar a otra persona. El autoconocimento depende del poder personal.

Hoy puedo colocar los espectros en donde corresponde, devolver las cargas que parasitan en mí. Miro otra vez hacia la puerta. Tomar las riendas de la libertad implica asumir que la vida está más allá de esta puerta.

Mi vida está más allá de lo que mi linaje ha proyectado en mí. Más allá del programa inconsciente que he recibido y tomado. Más allá de sus deseos, intenciones, silencios y miedos.

La libertad individual y colectiva está más allá de la guerra que libramos dentro.

Con los pies, me desplazo en el camino de la vida. Todo mi cuerpo está repartido en la superficie de mis pies. Un problema vinculado con ellos, me indicaría un conflicto entre la dirección y el movimiento que tomo, manifestaría la necesidad de más estabilidad y seguridad en mi vida, el futuro y sus imprevistos me darían miedo.

Los pies están relacionados con mi origen. Me creó la conjunción de dos fuerzas complementarias que dieron lugar a una nueva vida. El contacto firme y seguro de mis pies con la tierra me recuerda de dónde provengo.

(…) la atracción mutua entre nuestro cuerpo y la tierra es la fuente profunda de ese delirio más consciente que nos compele a la presencia del otro. Como el magnetismo que sienten dos amantes, o una madre y su hijo, la atracción poderosa entre el cuerpo y la tierra ofrece sustento y reabastecimiento físico cuando se consuma en el contacto. Aunque en los últimos tiempos hemos llegado a asociar la gravedad con la pesadez y por ende a pensar que tiene un vector estrictamente descendente, algo sube hacia nosotros desde la tierra sólida cuando estamos en contacto con ella. Nos damos pocas oportunidades para saborear ese nutriente que sube hacia nosotros cada vez que tocamos el suelo, y por eso no es sorprendente que hayamos olvidado la naturaleza erótica de la gravedad y el placer vigorizante del contacto con la tierra (…)

David Abram

Preguntas que me quedan para hacerme y hacernos: ¿cuán fuerte es la fidelidad al clan?, ¿cuánto nos falta despedir?, ¿cuánto cargamos para salvar al linaje o para evitar quedarnos fuera del rebaño? Las preguntas me conducen por ondulaciones y voy reconociendo las fuerzas que se enfrentan. Mi cuerpo es un terreno de luchas y soy yo la única que las puede iluminar. Como dije más arriba, el autoconocimento es infinito y depende del poder personal.

En estas ondulaciones me rehago, me recreo, nos reconozco y vuelvo a ser otra vez. Te invito a que recorras tus ondulaciones para que renazcamos en libertad.

Trampas y desafíos de la existencia

Veo a la existencia como un gran acertijo. A veces me observo dentro de un laberinto, mi forma humana camina por pasillos que se van repitiendo, mimetizados, parecidos, me espejan caras distintas de algo que ya vi, me muestran escenas nuevas que están construidas con materiales que experimenté, que por alguna razón oculta siguen ahí. Otras veces me observo como algo etéreo que no habla, ni tiene bordes. Veo que hay algo muy grande, que pocas veces encuentra definición. Soy un aspecto de una totalidad que se transforma a sí misma a través mío. Nací para transformar algo de ese todo. Voy a morir para trascenderlo, luego de morir quizás sea otra vez vehículo. En esta existencia soy un pedazo de esa totalidad que está sanando, como la pieza de un rompecabezas. Voy encontrando partes que necesito para aprender. Todo lo que hago me encuentra con esas partes, para transformar el aspecto que soy.

Nacemos como hilos enredados a otros

Creo que nacemos para transitar una distorsión, en este plano de dualidades, donde hay luz, armonía, equilibrio y también sombra, desacuerdo, opacidad. Reconozco que mi forma humana es como un vehículo de esa distorsión, proyectándose y desplegándose, con sus lugares oscuros y sus potencialidades. Pero también distingo en mí una fuerza que ve el laberinto de la distorsión desde el vuelo del águila. Lo que hay alrededor es un espejo o una llave para diferenciar las partes. Para saber qué del camino es un engaño, qué es verdadero, qué es lo que vibra, qué está muerto. Mi corazón delimita un mapa, me va hablando a medida que doy pasos. Como pistas de una búsqueda hacia un lugar que desconozco.

Tenemos pistas diferentes, nos encontramos en el camino porque vos tenés algo que yo no veo y yo tengo algo para darte. La base de la cooperación mutua es que cada quien tiene su camino, un camino único con llaves exclusivas para descubrir su profundidad, su propio aspecto. Cada quien vive una circunstancia. Algo de lo que vivimos nos hace trizas.
Esa circunstancia está dentro de lo que llamamos realidad. Y se hace inmensa.

La trampa

La trampa es encadenarnos al engaño de la circunstancia. El engaño lleno de historias de nuestra vida, de las situaciones que la conforman y de nuestro propio registro en un cuerpo y una persona. “Soy de tal manera”, “me afecta de tal forma”, “tengo tal problema”, “me identifico con esto”. Nos atrapamos en la circunstancia, nos hace trizas.

Yo veo cielos negros, rayos huracanados. Algo que me habla, me grita, mientras sueño y cuando estoy despierta. Mi garganta le da cuerpo a mi voz para alzarla y gritar. El grito se convierte en circunstancia. Les pregunto a las estrellas detrás del cielo negro y no me saben decir.

La circunstancia es una manifestación: algo que aparentemente está “fuera” nuestro pero manifiesta la consciencia que tenemos de quiénes somos.

Mi garganta late al ritmo de una vida al borde de la locura. Veo en este aparente afuera que hay quienes levantan sus voces y quienes levantan otras. Cada quien en su opinión, construyendo barreras que ponen por delante a la razón, dejando detrás al corazón. Sé que la manifestación no está afuera realmente. Me habla de mí. Esto que me duele al “verlo afuera” me pide que lo observe desde la altura, para hacer esta pregunta: ¿para qué me sirve esto, en qué me ayuda a conocerme más?

Mi consciencia

Un susurro viene de algún lugar muy dentro mío. Es casi un silencio que toma voz lenta y calma. Un susurro que trae claridad y me despeja. La atraigo un poco más con mi respiración pausada. La escucho un poco más cuando puedo sólo sentir la vibración de mi corazón. El centro que marca el verdadero ritmo, del cual se expanden los hilos que nos unen.

El “afuera” va cambiando, como un cuadro que se desdibuja y va derramando sus colores. Cada quien “afuera” es una llave más para mí, una salida a esta nueva ser humana que vuelve al origen. Una fuente que trae amor, incluida rabia, como aspectos de lo mismo. En la profundidad de la fuente nuestros hilos se entrelazan. Nos estamos abrazando.

Algoritmo

La realidad ante los ojos es consecuencia del algoritmo al que juega el inconsciente, donde se mezclan emociones, expresiones, hechos no expresados. Lo que vemos es un juego, fruto de la proyección del inconsciente colectivo. Las circunstancias nos anclan, nos encadenan en la sucesión de registros personales, una garganta profunda que nos va comiendo la carne y el alma.

A medida que tomamos consciencia de quiénes somos, la realidad manifiesta quiénes somos, va cambiando a cada instante de silencio. Somos un vehículo, un aspecto, una parte de una totalidad. Hay algo muy profundo, requiere escucharse en calma. Una voz silenciosa que viene en ritmos, que trae llaves en cadencias. Para abrir puertas en la profundidad. Allí nos encontramos con sombras y renacemos varias veces para sanarnos, purificarnos, liberarnos. La pregunta que subyace siempre, ante cada latido, es ¿quién soy?